DESPERTAR FALLIDO  

8/31/2008





Me despertó el sonido de pájaros multiplicándose en el aire. Entreabrí los ojos, tratando de acostumbrarme a la luz atravesando el hueco que dejaban las cortinas azules.

Fue raro no escuchar más que eso, la calle estaba llena de silencio. Caí en cuenta, que era domingo.

Imaginé que algo misterioso e inexplicable simplemente desapareció a la humanidad.  Calles vacías, casas solitarias, autos inmóviles llorando olvido...

Bostecé. Otro día. Pero hoy los apuros no apremian. Me giré y cubrí con la sábana tibia.

En qué momento sentir se volvió difícil?

Cuando amar resultó algo tan complicado?

Epa, conciencia! Insolente que no respeta la oscuridad textil, ni que sea día de descanso

Sigue recordando mis pendientes (y lo imperfecta que soy)

Sigue marcando rigurosa, los desaciertos que me empeño en mantener.

"El discurso es un camino y ahí tenés un bache" dijo el sabio estropeado... Maldito el bache, maldito el discurso.

Las cosas debieran ser más sencillas. Después de todo, necesito y busco, lo que todo el mundo.

A veces lo correcto no es suficiente, y equivocarse tampoco sirve.

Agarré la almohada y la arrastré hasta cubrir la cara y los pensamientos matutinos que me estaban atormentando.

Mejor, duermo otro rato.

Quizás, cuando despierte por segunda vez, la gente haya retornado a las calles, las casas descubran las voces, los autos no lloren olvido...

Y yo pueda convertir estos errores en algunas certezas.

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FINAL DEL DÍA  

8/19/2008

Love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away...

Desde la pc Marvin Gaye ensayaba una versión de yesterday, mientras tres archivos de un tributo a Queen, bajaban a una velocidad artesanal y me impedían hacer mucho más...

Acaricié el habano de chocolate que descansaba al lado del teclado. La textura rugosa me provocó el antojo de prenderlo.

-Son malos, los compré en la estación. Me advirtió mi hermano unas horas antes.

-No importa, me quedo con uno. Contesté haciendo valer el resto de autoridad de hermana mayor.

Lo encendí y sentí su gusto inundando mi boca.

Definitivamente, es malo pensé, mientras lanzaba la primera bocanada al aire intentando hacer círculos.

Me estiré sobre la silla y recordé a algunas personas y momentos que me parecieron, por lo lejanos, únicos.

El humo nublaba el monitor, pero no la memoria de los detalles.

Sonreí.

Un sonido me interrumpió un instante: algo terminó de bajar.

Tomé otro sorbo de mi café xxl, con el presentimiento de que esta noche el sueño hará algunas paradas antes de llegar a mí.

Los apuros, el correr, las obligaciones, las horas que no alcanzan, me esperan atrincherados al despertar, mañana.

Si prolongo esta madrugada, quizás tarden más en atraparme, me digo sin creerlo.

No importa.

Esta es una buena manera de terminar el día...

oh I believe in yesterday...


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LLORAR  

8/18/2008


El día en que finalmente lo supo

lloró por todos los rincones de la casa

como si una canilla invisible se hubiera abierto,

como si los mares del mundo desbordaran en sus ojos

Fingió un resfrío para continuar en su duelo tranquila

El  final llegó de la mano del asco

Las lágrimas solo anunciaban la imposibilidad

de olvidar y el presentimiento de que,

cuando cesen, solo quedaría fingir

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ORQUESTA DOMINICAL DE JW  

8/17/2008


Otro Domingo, frio, gris y solitario.

Otra melodia desencajada.

Otra gota que cae de mis ojos.

Un piano, un violin.

Una orquesta de desengaño da concierto en mi alma.

Hace tiempo perdi la batuta de mi cabeza.

De vez en cuando, disfruto de la banda.

Muchas veces quisiera no oirla.

Pero en soledad...

Soy el dueño de los halagos, el jefe de la nostalgia.

El de los sueños.

El de los ideales a medio terminar.

El que no ansia el gol, el triunfo.

Solo eso.

Otro mas que se aburre los Domingos.

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ÉL  

8/12/2008

El de la mirada inquisidora

el más valiente de los Quijotes,

el loco más cuerdo,

el que hace su camino


El de los ojos del mar que amo

el que canta Sinatra al oído

el que sabe pero calla, 

el que sobrevive a sí mismo



El que no olvida viejos fantasmas

El dueño de la momme, de un habano,

de la musa, del papel arrugado

de la noche en que lo conocí




El que  sabe volar

el desesperado, mi desesperación

el que acaricia con letras,

el que pronuncia palabras prohibidas


Y mi espejo distante...

Ése es él

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BACKSTAGE DE UN MILAGRO MENOR DE HERNÁN CASCIARI  

8/11/2008

Voy a contar algo que ocurrió hace un mes y que, por un momento, nos pareció un milagro de entrecasa. Podría narrar el milagro sin dar a conocer su lógica interna, escondiéndoles a ustedes la explicación que lo desbarata. Pero no haré eso, porque me quedaría un cuentito fantástico y nada más. Voy a narrar los hechos sin trucos. Ustedes verán a las marionetas pero también los hilos que las mueven. Dicho esto, la historia empieza con una mujer, sentada en un sillón, y sigue con una chica de once años que va en coche por la ruta.

La mujer, que también es mi madre, acaba de echar a todo el mundo de su casa (a los amigos, a los hermanos, a los nietos) porque necesita quedarse sola, llorar sola y esperar sola a que llegue el sueño. Hace cincuenta y dos horas que no duerme. Ahora intenta descansar y se desploma en el mismo sillón donde dos días antes murió su esposo, que también era mi padre. 

Es la noche del once de julio, hoy hace un mes. Por primera vez en cuarenta años, esta mujer cierra la puerta de su casa sin que dentro viva nadie más.

El truco comienza en este párrafo, porque a diez kilómetros, por la ruta cinco, van en coche mi hermana, su marido y sus hijos, de regreso a La Plata después del entierro. Es de noche y nadie habla, porque ha sido un día muy triste y después una noche muy larga. 

Una chica de once años, que se llama Manuela y es mi sobrina, se recuesta sobre la ventanilla a ver pasar las luces del camino; saca de su mochila un teléfono móvil y se pone a revisar los contactos. Nadie le presta atención.

Volvamos a Mercedes. La mujer que es mi madre aprovecha su primera soledad para desahogarse sin testigos. No ha podido hacerlo antes porque no tuvo un segundo sin compañía, sin abrazos o presencias. Se ha mostrado fuerte en todas partes: serena en el salón y en los pasillos de la casa velatoria, y también entera en las calles del cementerio, frente a la bóveda. Saludó, besó y agradeció a todo el mundo; cabizbaja y líquida, es verdad, pero sin desbordes. Ha durado cincuenta horas sin hacer un solo escándalo en público. Ahora, por fin, está sola.

Se pone a gritar como si la hubiesen quemado.

Lejos de allí, cruzando el peaje de Luján-Mercedes, uno de mis sobrinos observa el celular que maneja Manuela, su hermana. No es el teléfono de siempre, el rosa de juguete, sino uno distinto de color negro, que parece real. El hermano pregunta: 

—¿De dónde lo sacaste? 

Manuela no le responde y se queda mirando por la ventana. El hermano insiste: 

—¿Es un teléfono de verdad? 

Entonces Manuela se acerca a su oído y le contesta, en voz muy baja para que sus padres no la escuchen: 

—Es el celular del abuelo Roberto —y también dice—: tiene crédito.

Como se ve, lo que va a pasar dentro de un rato no tiene nada que ver con un milagro, pero sigamos con los hechos naturales: en la que fue mi casa, en la que es mi casa, la mujer sigue con sus gritos. No son lamentos al azar, no son aullidos ni onomatopeyas salvajes, sino preguntas retóricas dirigidas a su esposo, en tono de reprobación y con timbre de barítono. 

La mujer le reprocha al marido, en voz alta, la poca consideración que tuvo al no haber informado sobre su muerte, tan repentina y a destiempo. Se levanta del sillón y le habla. Las frases que dice no tienen sentido, por lo menos no en el terreno de la lógica, pero a la viuda le bastan y le sobran para desahogarse. 

Ella sabe que gritar ¡por qué no me avisaste! no sirve para nada, pero lo dice de todas formas. Y lo repite, y lo repite una vez más, porque los reproches inútiles, en las casas vacías, suenan mejor con la insistencia.

Con el tiempo aprenderá a usar el pensamiento, a conversar en silencio, sin hacer uso de los gestos ni la boca, pero ahora la mujer es inexperta y le habla a su esposo a viva voz. Le habla al sillón, en realidad. Ya no le grita: de a poco la escena se convierte en una conversación típica del matrimonio, en una crisis menor, en uno de los muchos monólogos nocturnos en donde ella siempre gritó y el otro siempre hizo silencio. 

—Siempre igual vos —le dice—. Cuando hay problemas, calladito.

En el coche dos de mis sobrinos duermen; Manuela no. Sigue mirando las luces por la ventanilla, con el teléfono todavía en la mano. Se llevó ese teléfono porque nadie más lo iba a usar, y porque ella todavía no tiene uno. Más tarde confesaría que no fue un robo: dos o tres veces quiso pedírselo a su mamá, pero ella siempre estaba llorando o dejándose abrazar por gente. En un momento se lo mostró a su abuela y le dijo, con mucha vergüenza: 

—Chichita, ¿lo puedo usar yo ahora? 

Y su abuela hizo que sí con la cabeza, pero era un sí a cualquier cosa, no estaba mirando a ninguna parte. Por eso ahora la chica piensa en la abuela triste, en su cara de agotamiento y pena, y siente culpa por haberla dejado sola, en Mercedes. Se despidieron en la puerta, sus padres le ofrecieron quedarse, o que se fueran todos a La Plata, pero la abuela no quiso:

—Alguna vez tengo que estar sola —dijo, y se encerró. 

Su abuela es fuerte, piensa Manuela, ella no se habría animado a quedarse sola tan pronto. Es fuerte pero está triste. En once años, en toda su vida, Manuela no había visto nunca a Chichita con los ojos sin brillo. Entonces abre el teléfono y le escribe. 

El hilo y las marionetas se unen en este segundo, porque al mismo tiempo que la nieta pulsa la primera letra del mensaje, la viuda, que conversa en casa con su esposo, le está pidiendo una señal al muerto. 

—Dame una señal —dice la mujer, que es también mi madre, mirando el sillón vacío.

No es increíble, no es mágico que Manuela escriba su mensaje en este punto de la historia. Bien mirado, es natural. Es cierto que también pudo haber ocurrido primero una cosa y mucho después la otra, incluso con horas de diferencia, pero están pasando las dos a la vez y no debe asombrar a nadie. 

La chica escribe en el coche mientras la mujer, en su casa, le pide a su marido —en voz muy alta— que le dé una señal. También le pregunta qué hará ella ahora, sin los hijos y sin él; cómo se recompone la rutina; dónde están las facturas y cómo se pagan; quiere saber si el tiempo cura; pretende que él la ayude a tramitar la pensión; le pide otra vez una señal; le dice que tendría que haber sido al revés, y dentro de veinte años; pero sobre todo al revés. 

Mezcla la desesperación filosófica con el planteo doméstico, a veces en la misma frase. Habla con serenidad, pero ya sin control, a la vez que Manuela redacta una frase muy simple, de cuatro palabras, a sesenta kilómetros de allí: 

—NO ESTÉS TRISTE, DESCANSÁ —es lo que escribe mi sobrina, y envía el mensaje. Después acomoda la cabeza en el hombro de su hermano, y se queda dormida.

Miremos por un instante cómo viaja el texto hasta un satélite, cómo rebota la frecuencia y se convierte en bytes. Veamos la escena desde todos los ángulos, para asegurarnos de que no hay milagro posible, que todo tiene la lógica del tiempo y del espacio.

Mientras las palabras de su nieta viajan en medio de la noche, la mujer sigue con su monólogo encendido. Sospecha que su esposo resultará un muerto tímido, como lo fue en vida, poco dado a lo trascendente, porque no aparece. Supone que le costará corporeizarse y dejarse ver. Y así se lo dice: 

—Vos no sos la clase de tipo que se aparece después de muerto, yo sé que te da vergüenza, pero tenés que hacer un esfuerzo. Vos…

Entonces suena, en la casa vacía, el celular de la mujer. Ella se queda con la palabra en la boca y camina hacia el milagro falso, mientras se pone los lentes de leer de cerca. Observa, en la pantalla del teléfono, una frase imposible, en letras mayúsculas: 

ROBERTO HA ENVIADO
UN MENSAJE DE TEXTO
La mujer, que es también mi madre, presiona un botón y repasa las cuatro palabras que hace diez segundos ha escrito Manuela desde el coche. 

—No estés triste, descansá. 

Se queda un rato largo mirando la pantalla, con los dedos inmóviles. No parpadea ni respira. Tiene la luz verde del teléfono en los ojos, y los ojos muy abiertos.

Después la mujer sale del comedor más serena, sin mirar el sillón ni decir una palabra más. Tiene la garganta seca de tanto monólogo. Apaga las luces de la cocina, entra a su cuarto y se acuesta. Se queda dormida y descansa.

Al día siguiente ocurren otras cosas. No todas son maravillosas, pero tampoco todas son horribles.

La historia acaba así, no hay nada más. Podría haber explicado el cuento omitiendo las escenas del coche, y habría salido una historia más o menos prodigiosa, con una viuda que pide una señal y un marido muerto que le responde. Pero no fue así. Conté las cosas como fueron, con el backstage incluido, porque las anécdotas son mejores cuando no tienen nada del otro mundo.



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UN CUENTITO FINAL  

8/10/2008


Creyó, porque quería creerle.

Y tarde entendió, que el decir, no es hacer.

Que algunos gatos, siempre caen parados,

Que la decepción, asoma seguido si se elige mirar

Y que la distancia exacta necesaria,

es aquella donde no duele.

Abur

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UN RECUERDO MÁS  

8/05/2008


Me enfurece tanto ser insignificante,

no poder retenerte

y  sentir que peleo por los dos

*
Me desequilibra perder

a nuestras letras ahora vacías

a los mimos insuficientes y malheridos,

mendigos y sin lugar

*

Me espanta tanto esta lejanía,

como el deber resignarme de estos días

cuando aprendí a cerrar los ojos para ver

ese abrazo antes de irme

*

Me da tristeza aceptar,

que debo cargar con un recuerdo más

Y nada más

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COME AWAY WITH ME NORAH JONES  

8/01/2008

Cómo desearía el tiempo congelado en un instante vacío de egos,

inseguridades y miedos

Un espacio perfecto, lleno de vehemencia y besos

Un único momento suspendido, en el que otros no importen,

sólo nosotros

y esta canción...

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ECLIPSE PINK FLOYD  

All that you touch 
All that you see 
All that you taste 
All you feel. 
All that you love 
All that you hate 
All you distrust 
All you save. 
All that you give 
All that you deal 
All that you buy 
Beg borrow or steal. 
All you create 
All you destroy 
All that you do 
All that you say. 
All that you eat 
And everyone you meet 
All that you slight 
And everyone you fight. 
All that is now 
All that is gone 
All that's to come 
And everything under the sun is in tune 
But the sun is eclipsed by the moon. 

"there is no dark side of the moon really. matter of fact it's all dark."


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